A veces me pierdo a mí misma

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A veces me pierdo a mí misma, no sé qué sucede, no sé qué locura me absorbe que me lleva a desaparecer, me dejo llevar por la nada, por el vivir sin saber, sin ser consciente de que estoy viviendo. Olvido todo lo que soy, todo lo que me interesa, al fin y al cabo eso es lo que soy: lo que me hace pensar, lo que me hace sentir. Es algo que no acepto, que no dejo crecer porque creo que esta vida, a la que me hubiera gustado no venir, una vez que estás aquí, hay que vivirla, quiero sentirla intensamente. Sí, es un contrasentido, una contradicción, no haber querido nacer pero querer vivir intensamente, sin perderme un segundo, aunque sea un segundo viendo la tele o paseando al  perro, pero enterarme, ser consciente en todo momento de que existo y, la verdad, llevo unos meses perdida de todo eso.

Me propongo “proponerme”, “planearme”, no dejarme llevar, pensar antes de hacer y decidir YO, no dejar que me lleven de acá para allá. Meterme en historias en las que ni había pensado y no entrar por cualquier puerta con tal de salir del pasillo; YO tengo que ver las puertas y estudiar lo que hay detrás y decidir si es lo que quiero o no, pero nunca volver a entrar a lo loco.

El Pescador II

Sabía que a veces suceden cosas por separado que, cuando se ven en la distancia parece apreciarse una razón, un hilo conductor que produce un cúmulo de circunstancias, algo inexplicable que hace que sucedan en ese momento y en ese orden. Esto lo pensó porque, curiosamente, sucedió que al irse a vivir a Sitges, su mejor amiga le había regalado un libro que acababa de leer y le había gustado mucho.

Empezó el libro, en cierta medida para distraerse, pero se encontró con que el tema era, digamos, extraño.

En él encontró algo que podría ser una explicación de lo sucedido, pero ¿cómo creer aquello? No era lógico, no tenía sentido, su mente racional era muy poderosa en ella, además nunca creyó en nada que hiciera al hombre trascender, siempre tuvo claro que la muerte era el final absoluto de todo. Entonces, ¿cómo creer ahora en la reencarnación?

Sí, lo que había sucedido era muy claro, lo que había “visto” y sobretodo lo que había sentido, era demasiado real como para ser una jugarreta de su mente, una fantasía, y además, nunca le había pasado nada parecido. Sí, tenía fantasías, soñaba despierta, ¿cómo no iba a hacerlo? ¿Cómo hubiera podido sobrevivir sin hacerlo?

El Pescador I

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Estaba en un pequeño pueblo de Mallorca, al norte de la isla, volvía de la pesca a su casa, donde le esperaban sus hijos. Reconoció en esos niños a los que habían aparecido en su pesadilla pero ahora eran pequeños. Salían a recibirle corriendo y gritando “papá, papá”  le abrazaban y besaban y todo era alegría y felicidad. En la casa estaba Marieta, esperándole con una gran sonrisa de felicidad en su rostro. ¿Cómo poner en palabras tanto amor? Y así, abrazado a Marieta y a sus hijos, se despertó.

Cinco días después de su cumpleaños Marieta no vino, y al día siguiente tampoco y ya nunca más volvió. El sintió que su mundo se derrumbaba, una tristeza inmensa lo cubrió todo, como una niebla espesa que hace desaparecer la nitidez de las cosas convirtiéndolo todo el algo borroso, sombrío. Le sorprendió que nadie le preguntara por ella, y se dio cuenta de que la costumbre hace invisibles las cosas y las personas, lo supo cuando fue pasando el tiempo sin que nadie se diera cuenta de que ella ya no estaba allí. La tristeza dio paso a la rabia, y más tarde al olvido. Fue pasando el tiempo y así, todo ese tema se convirtió en una anécdota más en la infancia de un niño. Para todo el mundo menos para él porque muy dentro de su corazón, y aunque su vida fuera por otros caminos y se llenara de cosas y gente, él sentía, sin ser consciente de ello, que la amaba y que la volvería a encontrar.

El pescador

Su mujer estaba enferma en la cama, él se encontraba en la cabecera cogiéndole la mano, sus hijos Joan y Sara estaban en la habitación, todos con gesto compungido sabiendo que eran los últimos momentos de Marieta. Ella estaba mirándolo todo como queriendo aprehender ese instante y llevárselo quien sabe a dónde. Le miraba a él con todo el amor que sentía, un amor que le hacía llorar y reír al mismo tiempo, un amor que empezó el día que se conocieron y que nunca tendría fin.

El sujetaba firmemente su mano en un esfuerzo vano para que ella no le dejara, la miraba, la miraba, no sabía qué hacer, no debía llorar, tampoco podía evitarlo, su dolor era tan profundo que no era capaz de hacer nada más que mirarla y amarla.

Él se despertó sobresaltado, asustado.  ¿Qué ha pasado? ¡Sólo ha sido una pesadilla!

  • Marieta, ¿dónde estás?
  • Aquí, siempre estoy aquí, contigo.
  • He tenido una pesadilla horrible, en ella tú morías; era todo tan real.
  • Tranquilo, ya ves que estoy aquí. Descansa, sólo ha sido eso, una pesadilla.

Él se durmió y no vio una lágrima que caía por la mejilla de Marieta.

Llovía

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Llovía, la cara reflejaba esa luz de los días de tormenta. Las hojas de los árboles parecían no decidirse, moverse, no moverse, avanzar; el universo siempre está en movimiento pero algunas hojas se niegan a seguir esa premisa. Las ventanas se mantenían tercamente cerradas, ¿qué guardaban? Quizás nada, al menos nada que pudiera creerse interesante. Gris, todo gris, cemento, cristal. El viento empezaba a soplar más y más fuerte. Sí, ya va a empezar la tormenta. Como todos los días. Como toda mi vida.

HUELLA II

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A veces las huellas se descubren por lo que mueven a su alrededor, no por una huella concreta, más o menos exacta. Quizás eso que mueven alrededor sea la huella. Pasan cosas que, en sí mismas, no producen ningún efecto pero que alteran todo un mundo a su alrededor, entonces ¿cuál es la huella?

GRANADA

Alhambra

¿Cómo expresar lo que sentía otra persona? Mi padre nació en Guadix, y de allí salió para pasar la vida de un sitio para otro, sin embargo, siempre llevó a Granada con él.

¿Qué tiene Granada que cuando te entra en el alma ya no la puedes sacar?

Yo también me enamoré de Granada, aunque no está bien expresado, no me enamoré, ya que el enamoramiento hace ver las cosas no como son, sino como te gustaría que fueran, pero desde el primer momento la amé, y la sigo amando, siempre está en mi corazón y siempre está en mi mente, siempre quiero volver a Granada.

Al morir mi padre hace ya 9 años, me quedó el vacío enorme que supone la pérdida de una persona importantísima en mi vida, alguien con quien discutir y alguien a quien abrazar.

Mirando, sintiendo, llegué a Granada. Era mi nexo con él, por medio de Granada podría expresar todo mi dolor y toda mi admiración por mi padre y su vida.

Así empecé a recopilar información, imágenes de lugares que me eran conocidos desde mi infancia, lugares a los que siempre fui con él. Todo me traía sentimientos casi olvidados.

Los paseos de todas las tardes a la Fuente del Triunfo, ahora no sé cómo se llamará, allí jugaba con mi hermana y me enamoré del color viendo los chorros de agua cambiar de colores en las frescas noches. En aquellos jardines hacía un frescor especial que salía de aquella fuente casi mágica a mis ojos.

La Alhambra, qué decir, desde la casa de mi tía Manuela en el Albaicín, con una magnífica vista de la torre de la Vela, comiendo higos de una higuera que tenía, imposible de olvidar.

El Frottage y la sorpresa

 

Espalda¿Es el Frottage  una técnica para miedosos… o para quien quiera que algo le sorprenda, pero sin demasiado riesgo?

A veces se quiere pintar, hay que usar el color, pero… da miedo. Se piensa que el color es algo muy difícil de manejar y no se tiene toda la técnica necesaria, parece que nunca se tiene toda la técnica necesaria.

El lienzo en blanco asusta y el primer color que se ha de dar, la primera pincelada… no llega.

Se mancha, bien con un color no demasiado “comprometido” o se empieza a trazar líneas a modo de boceto, de formas que luego nos permitirán seguir ciertas rutas con los pinceles; probablemente pocas de las originales terminarán siendo reconocidas al final.

El miedo siempre está presente, y es normal. El miedo es una constante de la vida y en cualquier actividad se expresa.

A veces ese miedo nos bloquea, otras nos hace tapar lo que hemos hecho, pero, lo hemos hecho así que ha de salir (pero no igual).

Eso es lo terriblemente atractivo, te atreves, porque sabes que lo vas a tapar, lo vas a negar y te vas a lavar las manos en el resultado, porque lo que salga ya no será totalmente tuyo, ya habrá vivido en otra parte, debajo de esa capa negra que lo tapó y que hará que el color haya cambiado, ya no será esa pincelada que tu diste, ahora es una mancha que no es exactamente del mismo color, eso dependerá de varios factores, incluso es posible que desaparezca completamente y el papel se  vuelva a ver tal como era antes de que el color estuviera en el.

No, definitivamente el Frottage no es una técnica para miedosos sino para quien quiera descubrir lo que la obra esconde, para quien se arriesgue a buscar.

HUELLAS

HUELLAS

Empiezo con esta serie un tema que me apasiona y sobre el que llevo trabajando toda mi vida, con diferentes técnicas, con diferentes enfoques y, algunas veces, sin ser, en absoluto, consciente de ello.

10 Noviembre 2014

La huella, darse sin pensar, a veces es un camino de una sola dirección, a veces de dos.

La huella no siempre es igual al objeto que la ha producido. Deja en ella lo más intenso y lo más débil, queda reducida a sombras sin fuerza, sin mucho que decir pero sin las cuales nada tendría sentido.

Algo muy fuerte, muy intenso, muy cargado puede producir una huella que es más que eso, es otro igual, semejante, idéntico. Deja así de llamarse huella y pasa a ser otro original, otro “yo”. No es una huella, es una impronta que lo devora todo, que anula lo que toca. Sí, se ha de tocar. ¿El contacto es imprescindible para que se produzca una huella? De alguna manera sí, aunque no tiene que ser un contacto físico. Una mirada, un gesto, puede dejar una huella más profunda que mil caricias.

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Gustavo Díaz-Jerez

El viernes pasado, día 18 de Marzo de 2016, tuve la inmensa suerte de poder oír y ver a Gustavo Díaz-Jerez interpretando Iberia de Albeniz. Apenas me pude mover en cuanto empezó a sonar. La imagen seguía el movimiento de sus manos desde varios ángulos y os puedo asegurar que era algo mágico. Visto desde arriba las manos interpretaban una danza que me dejó fascinada sin poder siquiera moverme. El conjunto de la música con el movimiento de las manos fue algo realmente maravilloso.

Aquí os dejo el vínculo para que podáis llegar tanto a Iberia como a su magnífico intérprete, Gustavo Díaz-Jerez.

gustavodiazjerez.com